¿POR QUÉ LA DIETA IMPORTA SI TENGO DOLOR CRÓNICO?

La relación entre el dolor crónico y la alimentación es tan compleja como interesante; se da en dos sentidos y requiere un abordaje totalmente individualizado. El dolor crónico afecta a la alimentación y al estado nutricional de la persona que lo padece y también la dieta afecta a la intensidad y evolución del dolor. Así, conocer las relaciones entre estos factores nos ayuda a comprender cómo una mejora dietética ayuda a los pacientes a sentirse mejor. No importa si el dolor viene originado por una patología u otra (fibromialgia, endometriosis, atrosis, etc), cuando se cronifica el dolor adquiere entidad propia y hay que tratarlo desde diferentes disciplinas. La cuestión es bastante compleja pero en estas líneas voy a intentar dar una pincelada de lo más importante.

La nutrición, contemplada como una herramienta más dentro del tratamiento multidisciplinar de este problema de salud, contribuye a la salud y bienestar de las personas que sufren dolor crónico.

Influencia de la dieta en el dolor crónico

Muchos estudios han puesto de manifiesto que en situaciones de dolor crónico, existe un  nivel elevado de estrés oxidativo y también un estado de inflamación sistémica crónica que agravan su evolución y favorecen alteraciones metabólicas y endocrinas que también empeoran la situación de salud del paciente y su dolor.

El estrés oxidativo es una situación en la que las células de nuestro organismo tienen un exceso de sustancias oxidantes versus un defecto de defensas antioxidantes, de manera que se produce una acumulación de “residuos” que entorpecen el funcionamiento normal de nuestros tejidos. Todos los sistemas del organismo, por ejemplo el sistema cardiovascular o el sistema nervioso, se resienten ante situaciones de estrés oxidativo continuado, por eso éste está implicado en tantas enfermedades. Las defensas antioxidantes pueden venir de diferentes fuentes, pero sobre todo debemos obtenerlas a través de la alimentación y, en especial, de los alimentos vegetales.

Otra de las evidencias claras a día de hoy es que la obesidad está relacionada negativamente con el dolor crónico.

Cuanto más exceso de peso corporal, mayores son los niveles de dolor y éstos disminuyen cuando los pacientes logran adelgazar por lo menos un 10% de su peso. La prevalencia del sobrepeso y la obesidad respecto a la población general es superior en pacientes con dolor crónico, estando implicados muchos factores como la disminución de actividad física, los cambios en la alimentación o los hábitos dietéticos no adecuados, las alteraciones metabólicas, etc. Por eso, tiene un gran beneficio para los pacientes ayudarles a que puedan reducir su peso, siempre disminuyendo la masa grasa corporal y manteniendo al máximo la masa muscular.

El principal problema a nivel de alimentación en cuanto al peso corporal suele ser el exceso de consumo global de calorías, especialmente en forma de azúcares, grasas saturadas e hidratos de carbono (de productos demasiado refinados o procesados).

Pero además de factores relacionados con la alimentación que pueden perjudicar al dolor, como son el exceso de peso y el consumo insuficiente de antioxidantes, también hay otros factores en la dieta que pueden ayudar a mejorar la salud de los pacientes y sus niveles de dolor.

En general, es muy importante tener en cuenta que los alimentos que tomamos deben aportarnos las calorías justas y necesarias, ni más ni menos, y también los elementos indispensables para un buen funcionamiento de nuestro organismo como por ejemplo las vitaminas, los minerales, las proteínas, los hidratos de carbono, algunas grasas, la fibra y otros. La calidad dietética de lo que comemos debe ser óptima, aportando la proporción adecuada de cada grupo de alimentos, para así obtener los nutrientes en las cantidades que realmente necesitamos.

En general, una dieta ajustada en calorías, con predominio de alimentos vegetales versus los de origen animal, evitando en lo posible los alimentos procesados y con una buena hidratación a base principalmente de agua, garantizará el equilibrio nutricional.

Pero teniendo en cuenta que el estrés oxidativo y la inflamación crónica son elementos clave y perjudican el desarrollo y la evolución del dolor crónico, es imprescindible que la alimentación contribuya a minimizarlos con el aporte sustancias antioxidantes y antiinflamatorias como por ejemplo algunas vitaminas y minerales o las grasas de tipo omega-3

Antioxidantes Vitamina A, C, E Frutas, verduras, semillas, frutos secos, aceite oliva virgen extra
Selenio, zinc, cobre
Polifenoles
Otros (glutatión, lipoico, etc) En todos los alimentos
Antiinflamatorios Omega-3 (ácido α-linolénico) Nueces, otros frutos secos y semillas
Omega-3 (EPA y DHA) Pescado azul
Oleocantol Aceite oliva virgen extra

Pero también es muy recomendable eliminar elementos pro-inflamatorios en la dieta que favorezcan el dolor, como por ejemplo el exceso de azúcares, el exceso de grasas, especialmente de grasas saturadas (las de origen animal y de alimentos procesados) o el exceso de grasas omega-6 (presentes en muchos alimentos procesados) versus las de tipo omega-3 (frutos secos y pescado azul).

Otro aspecto imprescindible a tener en cuenta es la posible presencia de intolerancias alimentarias.

Manzana saludActualmente no se sabe si realmente hay una mayor prevalencia de éstas en pacientes con dolor crónico, lo que sí se conoce es que las alteraciones gastrointestinales son frecuentes. En este sentido, el consejo nutricional siempre tiene que tener muy en cuenta ese aspecto y procurar mejorar la capacidad de digestión y la función y ritmo intestinal. Aún queda mucho por conocer, pero seguramente la microbiota intestinal está jugando un papel clave en este problema de salud, por lo que debemos procurar que la dieta sea beneficiosa en este sentido también.

El asesoramiento nutricional en pacientes con dolor crónico debe ayudar principalmente a:

  • Disminuir el estrés oxidativo y la inflamación
  • Bajar de peso cuando haya sobrepeso u obesidad
  • Mejorar la composición corporal, disminuyendo la masa grasa y manteniendo la masa muscular
  • Reducir el síndrome metabólico (niveles altos de colesterol y/o triglicéridos, hipertensión arterial, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2)
  • Mejorar el contenido calórico y nutricional de la dieta
  • Tratar las alergias y/o intolerancias alimentarias y las alteraciones gastrointestinales
  • Entender la importancia del sueño para el control de la ingesta y el metabolismo
  • Controlar la ingesta del exceso de calorías permitiendo al paciente seguir disfrutando del hecho de comer

Y por supuesto, el abordaje nutricional debe ser, como todo tratamiento ideal, completamente individualizado y tener en cuenta todos los factores que en cada paciente pueden tener relación con su vivencia del dolor y de su forma de comer. No hay una sola dieta igual para cada persona 😉